Exit Through the Gift Shop: Historia de un fake artist.

……”Cuando las personas van al supermercado se lavan el cerebro, por eso decidí llamarme Mr. Lavado de Cerebro, porque cada cosa que hago lava tu cerebro”….


Exit Through the Gift Shop, (Salida por la tienda de regalos) parece un título bastante acertado para una película que habla de como están evolucionando gran parte de los artistas del Street Art, denominación que cogió realmente fuerza a partir de 1999 para aglutinar a todas la tendencias artísticas cuyo ámbito de acción era la calle: pintura en sus varias técnicas, plantillas, carteles, pegatinas, esculturas, performances y diversas modificaciones de los elementos urbanos.

El arte callejero, como tal, ya existía a finales de los 60, con las intervenciones de Fluxus, Christo y Jean Claude y con la posterior incorporación de los fundadores del género: Harald Naegeli, Blek le Rat, Jhon Fekner, Miss Tic, Keith Haring, Basquiat, Thierry Noir, entre decenas de otros.

¿Cual es entonces la diferencia entre este nuevo Street Art que Banksy nos presenta y el protagonizado por los artistas anteriores?. Básicamente una: la apropiación de ciertos códigos estéticos y dinámicas propias del graffiti que fueron fusionados con los estilos y mecanismos de las últimas tendencias del arte contemporáneo; Hecho que tuvo su punto de partida en los 80 con el llamado Postgraffiti, y que hace un tiempo que culminó en el llamado Street Art o Urban Art.

En este ingenuo proceso se vieron implicados algunas leyendas del graffiti como Lee Quiñones, Daze, Lady Pink, Seen o Crash que abrirían la veda para la apropiación del graffiti por el stablishment a partir de 1982 -años después de las primeras y solidarias experiencias proartísticas de la United Graffiti Artists y la Nation Of Graffiti Artists-, realizando todo tipo de lienzos, dibujos y esculturas, impulsados por galerías alternativas como Fashion Moda, Fun Gallery, White Columns entre otras).

Así pues el llamado Street Art es la consecuencia ampliada a todos los géneros artísticos de aquella apertura (que tuvo una incidencia económica y estética muy pasajera en su momento para los escritores de graffiti, no así para Haring o Basquiat) y de la fusión entre las dos tendencias: el llamado arte callejero clásico y el graffiti del mundo globalizado.

Este film, que prometía ser una especie de manual del Street Art o monólogo en exaltación de Banksy (el Damien Hirst de la calle) se convierte en todo lo contrario por expreso deseo del londinense, que modifico la vanguardista cinta original del autor y protagonista Thierry Guetta, para desentenderse de la actitud y estilo de este y mostrar el ascenso meteórico del alter ego de Guetta ( Mr. Brainwash): el mayor fake artist, de toda la historia del arte universal y del arte de la calle.

El inicio de la cinta es prometedor, con un visionado de una mínima parte de las grabaciones del obsesivo Guetta( su verdadera pasión y auténtica virtud), en el que vemos las motivaciones y modo productivo, (similares al bombing graffiti) de creadores urbanos consolidados como los franceses André, Space Invaders y otros como Zeus, Seizer, Swoon o Borf, hasta llegar a la primera estrella del género: Obey (a.k.a. Shepard Fairey).

Podemos decir que la cinta es un tanto injusta con Obey, cuya popularidad y acciones eran más incisivas que las de Banksy a inicios de nuestro siglo y aunque Guetta nos los muestra arriesgando por colgar sus carteles y stickers, pasa muy por encima el giro comercial que transformó a Obey en una simple marca más, como Kellog’s o Carhartt y cuyo trabajo más conocido es la cartelería electoral del candidato Obama.

El papel de Obey en la película es clave, pues ejerce de conexión entre Guetta y el idolatrado Banksy, que ya entonces ejercía el papel del chico malo del arte contemporáneo (polémico, arriesgado, “vanguardista” e inaccesible). Una vez conectados, Banksy delira con la obsesiva pulsión cinematográfica de Guetta, y este hace lo propio con las acciones del gurú de la calle (Disneyland incluida), ayudando incluso a promover el gran circo expositivo de Banksy en Estados Unidos.

Esta pequeña parte es una de las más interesantes del film, donde asistimos, con una cierta sonrisa, a la manipulación de Banksy sobre los medios de masas en búsqueda de aumentar la publicidad de su show y la posterior influencia de esta sobre la élite social estadounidense y el público en general, haciendo colas gigantescas para ver una exposición de arte cual concierto de Britney Spears se tratara.

Verdaderamente mágica es la captura de la reacción fastfood de la mafia del mercado artístico tras su expo, lanzándose a comprar la bazofia más grande echa con cuatro plantillas y dos brochazos de cualquier streetartist de medio pelo.Mientras tanto “el gurú” ganaba medio millón de euros a causa del asesinato perpetrado por su equipo artístico sobre una típica cabina británica de teléfonos, emplazada más tarde en la calle y rescatada para ser vendida bajo la marca Banksy.

Especialmente delirante es la minientrevista a Wendy Asher, una opulenta marchante que incluso llega a presumir ante la cámara de tener un Warhol guardado en un armario, como el que tiene un par de zapatillas mediousadas para el día que tenga que salir a correr o a la montaña. Su entrevista demuestra, la fiebre que registraron los mercados por adquirir cualquier cosa de la calle a cualquier precio, así como evidencia el exclusivo sentido especulativo del mercado internacional del arte -un mundillo también plagado de activos tóxicos-.

Hasta aquí ( min.52) todo parece ser un documental sobre el ascenso artístico y comercial del Street art, pero es a partir de este momento donde el film nos ofrece todo su jugo, pues tras el show y el negociazo de Banksy y los streetartists, Guetta realiza el prometido documental y Banksy lo censura por vanguradista, ordenándole que se centre en convertirse en un artista de la calle, mientras él lo reedita de nuevo para darle un formato tradicional (algo que lo define a la perfección y lo ubica en su medio como un artista profundamente conservador, pero hábilmente manipulador).

Así pues, Guetta se transforma en Mr. Brainwash y empieza a colgar pegatinas gigantes por el mundo. Escasos meses después de su debut en la calle, Guetta ya posee un equipo de 5 personas que hacen todo el trabajo artístico por él ( básicamente apropiaciones de la cultura visual contemporánea y “photoshopeadas” varias ), limitándose este a colgar las pegatinas y demás obras por la calle (tal y como Obey y Banksy le habían enseñado).

Poco más tarde, en su afán imitatorio de Banksy, Mr. Brainwash se enfrasca en realizar una expo que supere a la de Banksy, y este, consciente del error que ha cometido al apadrinar a su gran imitador, se echa las manos a la cabeza. Sin embargo se ve obligado a promocionar su evento por la deuda moral con Guetta, pero lo hace a su propio estilo -la hipocresía inversa-diciendo: “El señor Mr.Brainwash es un fenómeno de la naturaleza, y no lo digo en el buen sentido. BANKSY”.

El resto de la película es vertiginosa y nos muestra al verdadero Guetta, un oportunista y un “tiranillo”, que provisto de un equipo de diseñadores y expertos en montaje expositivo, realiza a toda prisa una mega exposición sin sentido ni discurso basada en serigrafías, manipulaciones de fotografías, calcos variopintos, lienzos penosos y esculturas gigantes a lo Claes Oldenburg, que no imitan, ni copian, ni roban, sino que pervierten en el peor sentido de la palabra.

Realmente absurdos, son los análisis que el mismo Guetta ofrece de “sus obras”: Elvis con metralleta de Fisher Price, o la serie Bat Papi. El final del film es apoteósico y la mayoría de los implicados en el montaje, entre ellos el brillante historiador del graffiti Roger Gastman, acaban lamentando haber participado en la exposición del “lavado de cerebro”. En esta parte cabría destacar la toma de Guetta negociando los precios de las serigrafías de medio tamaño, aun antes de haber sido exhibidas, por unos montantes 24.000 doláres.

La película acaba con la expiación de Banksy, de su marchante y de Obey, dándonos a entender que no tenían nada que ver con el monstruo que habían contribuido a crear. El regusto de Exit Through de Gift Shop es que Guetta consiguió superar el fastfood de Banksy transformándolo en el peor junkfood, al realizar la mayor exposición retrospectiva de un artista “no nato”.

Tal vez sea esta una más de las transformaciones que el street art es capaz de operar dentro del mundo del arte, recordemos la famosa Merde d’ artiste de Manzoni (plenamente justificada por su discurso y trayectoria) pero que hablaba justamente de la peligrosidad social del fake artist.

Al parecer, la Academia de Cine Estadounidense no opina lo mismo y nominó a este documental para el premio al mejor documental, demostrando una vez más que cualquier plato mal estructurado y sin demasiado sentido, pero vendido con buena publicidad y servido con algo de estilo, resulta merecedor de una “estrella michelín”, si el stablishment lo decide.

Por último, añadir desde aquí mi admiración por el trabajo de cientos de artistas de la calle como Sixe, 3ttman, C215, Remed, Mark Jenkins, Escif o Miss Van- por citar cuatro o cinco artistas que vendan o no en el mercado tradicional- sí poseen unos argumentos, una historia y que ejecutan sus propias obras con su propio cerebro y sus inconfundibles manos.

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3 comentarios a Exit Through the Gift Shop: Historia de un fake artist.

  1. ZyprexaHK dice:

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  2. ZyprexaPE dice:

    Video removed from youtube?

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